lunes, 14 de junio de 2010

Armonía y humildad. Filipenses 2:1-11

El apóstol Pablo llama a los filipenses a la unidad y la armonía motivada en el amor de Dios por medio del Espíritu Santo, esta armonía debe darse en un ambiente de paz y humildad, puesto que la soberbia y la vanagloria solo acarrean rivalidades y rencores. El versículo 3 nos desafía a ver a cada uno como superior a nosotros, esto no debe interpretarse como un complejo de inferioridad derivado, sino que todo lo contrario. Se nos pone como desafío experimentar el mismo sentimiento que tubo Jesús, quien siendo iguala Dios no se aferro a esa igualdad sino que se humillo hasta ser como nosotros (de lo eterno a lo creado; de lo perfecto a lo imperfecto; de la santidad a lo pecaminoso) y aun siendo como nosotros adopto la posición de esclavo sometiéndose a una vida de obediencia y una muerte de pecador.
No se trata de que permitamos que todo el mundo nos pisotee teniendo un espíritu de inferioridad motivado por una autoestima pobre, sino muy por el contrario, como somos hijos del Gran Rey y destinatarios de su amor no necesitamos andar alardeando nuestra superioridad ante los hombres ni buscando nuestro propio bien sino que nos sometemos y humillamos en el servicio siguiendo el ejemplo supremo de Cristo. Humillados en su humillación para ser exaltados juntamente con Él.

Cuando otros tratan de abusar del más débil o imponer su voluntad, están demostrando sus complejos y pequeñez de espíritu, nuestra grandeza se manifiesta en la humildad digna de un hijo del Rey y cuando Cristo venga para ser exaltado por el Padre ante todos aquellos que lo escupieron, blasfemaron, negaron y condenaron. Entonces seremos exaltados juntamente con Él.

© Miguel Angel Victoriano G.